CONSUMIDORES

Un reciente estudio alerta del pollo contaminado de un conocido supermercado

Pollo
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Un estudio publicado por el Observatorio de Bienestar Animal (OBA) de 142 muestras de pollo compradas en supermercados de Lidl de España, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido revela que el 71% de estos productos están contaminados con bacterias resistentes a los antibióticos. En OCU advierten que se trata de "un problema generalizado y extendido a todo el mercado". 

El estudio de 142 muestras de carne de pollo comprada en los supermercados Lidl de 5 países, entre los que se encuentra España, advierte que el 71% de los productos está contaminado con bacterias resistentes a los antibióticos. Algo que Lidl ha negado categóricamente y asegura que todos sus productos pasan "exhaustivos controles de calidad". Desde la compañía denuncian que se trata de una nueva campaña de desprestigio contra la imagen de Lidl. Desde la OCU sostienen que “el problema está extendido al mercado en general”. De hecho, hacen referencia a un estudio de la OCU en el que ya lo detectaron hace años .

La carne de pollo es muy versátil, magra y tolerada por pequeños y mayores, lo que permite tomarla varias veces por semana. Esta carne también tiene su parte oscura: las bacterias que suele albergar en su interior y que pueden provocar intoxicaciones alimentarias, sostienen desde la OCU. Con el objetivo de detectar problemas de higiene, presencia de antibióticos y de bacterias resistentes a los antibióticos, OCU realizó un análisis microbiológicos en 42 pechugas de pollo (30 de carne blanca y 12 de carne más amarilla).

CAMPYLOBACTER, LA BACTERIA MÁS EXTENDIDA

Los resultados mostraban que el número de bacterias psicrotróficas, que es un indicador general de higiene, era aceptable en todas las muestras analizadas a las 24 horas de la compra, momento en que se hizo el análisis; no esperaron al límite de la fecha de caducidad para evitar hacer diferencias entre los productos envasados y los comprados a granel. A este respecto, señalan que descubrieron una ligera diferencia en el número de bacterias psicrotróficas, menor en los productos de bandeja que en los productos comprados a granel. "Algo lógico porque los productos están envasados en una atmósfera modificada que retrasa el crecimiento de bacterias para aumentar su duración", afirman.

En cuanto a bacterias patógenas, de E. coli, Listeria y Salmonella, no se encontró problemas graves en la gran mayoría de las muestras. Sin embargo, la bacteria Campylobacter se ha convertido en la nueva preocupación: el estudio de OCU encontró un 88 % de muestras contaminadas con esta bacteria patógena frecuentemente implicada en intoxicaciones alimentarias en Europa y que entraña riesgos de infección si el pollo se manipula mal o no se cocina lo suficiente. Si se cumplen estos requisitos, no habrá problema, ya que esta bacteria muere con facilidad a altas temperaturas. 

VIGILA LA HIGIENE EN LA COCINA

Los resultados del estudio de la OCU muestran que con mucha frecuencia la carne de pollo está contaminada por bacterias patógenas. Además, también es fácil encontrar bacterias resistentes a antibióticos que pueden provocar infecciones mucho más difíciles de tratar. Por estos motivos, hay suficientes razones para tratar la carne de pollo con todas las precauciones posibles. Desde OCU aconsejan:

-  No lavar el pollo ya que solo puede facilitar el reparto de bacterias por la cocina y no sirve para eliminarlas.

- Mantener limpia la cocina y lavar a fondo los instrumentos utilizados para cortar o preparar la carne de pollo antes de volver a usarlos.

- Cocinar el pollo en profundidad. Nunca uses la carne de pollo para preparaciones semicrudas y verifica siempre que el centro se cocine bien, especialmente en productos picados, como hamburguesas o salchichas frescas.

- Lavarse las manos, fundamental. La higiene es muy importante. Recuerda que debes lavarte muy bien las manos con jabón antes y después de manipular la carne cruda. 

TAMBIÉN HAY RESTOS DE ANTIBIÓTICOS

Si ya es grave que la carne de pollo presente bacterias, el problema se acrecenta en caso de que se trate de bacterias resistentes a los antibióticos. Resulta muy preocupante, advierten desde la OCU, ya que estas resistencias pasan con mucha facilidad de unas bacterias a otras, por lo que si sufrimos una intoxicación alimentaria por una bacteria que sea resistente, no podemos tratarla con algunos de los antibióticos más habituales, lo que complica la recuperación.

En su día, OCU analizó en 42 pechugas de pollo la resistencia a antibióticos de una bacteria, en concreto la E. coli, e investigó tres tipos de resistencia:

- En el 77% de los casos aparecieron resistencias a penicilinas, cefalosporinas y monobactamas (resistencia  ESBL), que es la familia más numerosa de antimicrobianos y la más utilizada en la práctica clínica.

- En el 20% de los casos de contaminación por E. coli, las cefalosporinas, cefamicinas e inhibidores de betalactamasas (enzima AmpC) no hicieron el efecto esperado.

-  Afortunadamente no se encontraron resistencias a las carbapenemasas, antibióticos de última generación.

Además, la OCU sostiene que el que en algunas muestras analizadas no se hubieran encontrado restos de antibióticos no quiere decir que no se los hayan podido suministrar durante la cría: en la granja han podido esperar el tiempo suficiente para que el residuo desaparezca de la carne y cumplir así con la legislación.

El uso de carbapenemas y algunos antibióticos de última generación, a los que todavía no se producen resistencias, está prohibido en animales y medicina veterinaria. Es una manera de limitar su uso masivo en veterinaria y su difusión en el medio ambiente, que son dos de las vías principales de llegada de las superbacterias hasta el ser humano y provocarnos intoxicaciones alimentarias de difícil tratamiento. El estudio de la OCU no ha encontrado resistencias a estos antibióticos, pero sí se han encontrado hasta un 77% de muestras con resistencias betalactámicos, un grupo de antibióticos que, entre otros, incluye la penicilina y la amoxicilina.